No des las cosas por sentado
Hay un momento, antes del round diez de la pelea entre Terence Crawford y Shawn Porter, que cambia completamente el desenlace del encuentro. Un momento en el que algo cambia en la cabeza de Crawford. Es simplemente brillante. Crawford llevaba nueve rounds sintiendo que iba ganando con comodidad. Podría ser arrogancia, seguridad o simplemente la lectura que tenía del combate, la que le daba su propio instinto arriba del ring. Pero su entrenador, Bomac, le dijo que algo o encajaba con su lectura, que no estaba seguro de cómo lo estaban viendo los jueces. Que quizás no iba tan claro como él creía.

Y tenía razón. Dos de los tres jueces tenían la pelea prácticamente pareja. Un punto de diferencia. Nada.
El punto interesante es que, Crawford pudo haber escuchado eso y desmoronarse. Pudo haber entrado en pánico, apresurarse, pelear con miedo, buscar boxear desde afuera y hacer puntos. En cambio, hizo lo contrario. Con una sangre fría y tranquilidad. Subió el nivel. En ese décimo round de manera magistral capitalizó el primer error de Porter y lo mandó a la lona con una precisión que no tenía nada de desesperación. Tenía decisión. Porter se levanta después de esa caída, desesperado, molesto y temeroso. En un segundo había perdido el enfoque que llevaba durante los nueve rounds anteriores.
Después de ese momento, sus movimientos fueron desesperados. Cegado por los sentimientos negativos y la presión, Porter dejó de lado su plan y Crawford como un cazador frío y calculador lo devoró. Después de una combinación precisa Crawford tiró a la lona a Porter por segunda vez. Al caer, Porter golpeó el piso con sus puños desesperado e impotente. Mientras el réferi terminaba de hacer el conteo de protección el padre de Porter detenía la pelea. Crawford había ganado.
Ese es el punto de esta reflexión. Casi siempre se nos olvida cuando hablamos de “dar el extra” que no es sacar algo que no tenías. Es dejar de dar por sentado que lo que ya traes es suficiente, y usarlo de verdad. Crawford no hizo algo que no sabía en el décimo round. Encontró la urgencia de utilizar lo que sabía que se debía de hacer desde el principio. Creo que todos hemos estado en esa situación. Momentos en los que creemos que vamos ganando, que tenemos las cosas resueltas, que quizás hemos hecho lo suficiente. Y la realidad, dicha por alguien que sí está viendo el marcador completo, te dice otra cosa. La diferencia entre quien se hunde ahí y quien responde no es el talento. Es la seguridad y temple para escuchar esa verdad incómoda y responder de la manera precisa para salir adelante.
Porque ese es otro punto. Crawford no habría podido subir el nivel si no lo hubiera tenido desde antes. La calma sin las herramientas necesarias para lograr algo es solo negación y las herramientas sin ese temple se quedan guardadas cuando más se necesitan. Lo que gana peleas cuando todo parece parejo o incluso perdido, es tener las dos cosas al mismo tiempo. La calma para escuchar que las cosas no van tan bien como creías, y la capacidad ya entrenada para hacer algo en el momento preciso en el que importa. De modo que, si estás sentado en tu esquina antes de salir al décimo round de cualquier proyecto, pelea propia, alguna decisión que llevas un tiempo posponiendo y tienes la seguridad de que estás preparado y tienes las herramientas para esto, la pregunta no es si vas a poder. Es si vas a tener la frialdad de escuchar la verdad a tiempo, y la confianza de no dudarlo cuando decidas usar lo que ya traes.



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