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De mi, para mi

Esteban Lozano
8 oct
2 min de lectura

¿Nunca te has detenido en el instante en el que estás? ¿Has cerrado los ojos y mirado hacia atrás para contemplar todo el camino que has recorrido? Ese camino en el que han habido momentos buenos y otros no tanto; pérdidas de seres queridos, amistades que simplemente se fueron apagando con el tiempo, recuerdos de días hermosos, amaneceres, una caminata nocturna, una buena charla o incluso algún arrepentimiento que, de vez en cuando, todavía te atormenta.


Ahora mira hacia adelante.

La historia cambia.

¿Qué ves? ¿Incertidumbre? ¿Curiosidad? ¿Miedo? ¿Ilusión?


¿Sientes ese nudo en la garganta? ¿Esas mariposas en el estómago? ¿Esa piel chinita que aparece cuando algo nos emociona, nos asusta o nos hace sentir que estamos frente a algo que todavía no conocemos?


Quizá eso es lo que nos mantiene viviendo, más que simplemente estando vivos.


Porque, ¿qué pasa cuando se pierde la ilusión por el futuro? ¿Qué es lo que nos motiva a levantarnos cada día con ganas de ser felices? ¿Qué sucede cuando dejamos de esperar algo, cuando dejamos de imaginar, de soñar, de preguntarnos qué habrá detrás de la siguiente puerta?


Esta es una invitación a detenerte y reflexionar. A recordar que uno de los regalos más grandes que tenemos es, precisamente, estar vivos.


Y entonces volvemos al presente.


Qué hermoso regalo es el presente: ese instante en el que puedes mirar todo lo que has recorrido y, al mismo tiempo, contemplar todo lo que todavía está por venir. Aquí es donde tienes el poder de aprender de tu pasado, de aceptar aquello que ya no puedes cambiar y de elegir hacia dónde quieres que vaya tu futuro.


No sabemos cuánto camino nos queda. No sabemos qué personas llegarán, cuáles se irán, qué amaneceres veremos, qué noches caminaremos sin rumbo, qué conversaciones nos cambiarán la vida o qué sueños todavía no sabemos que estamos a punto de cumplir.


Pero quizá no necesitamos saberlo. Quizá la incertidumbre también es parte del regalo.


Así que detente un momento.

Respira.

Mira hacia atrás, mira hacia adelante y, después, vuelve a mirar dónde estás.


Estás aquí.


Y eso, por sí solo, ya es extraordinario.


Te invito a vivir,

Porque vale la pena.

2 comentarios

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Invitado
09 oct
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Muy buena reflexión

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Invitado
09 oct
Obtuvo 5 de 5 estrellas.

Muy bueno

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